Más de 50 años de guerra han conjugado notas fúnebres de dolor, de destrucción, de desolación en muchos lugares del territorio colombiano, uno de los que más ha soportado la violencia, el narcotráfico y la violación de los derechos humanos es la costa del pacífico nariñense; cada uno de sus municipios tiene cientos de historias oscuras y trágicas, de noches grises escritas con sangre de sus habitantes, historias que fueron construyendo, paradójicamente, caminos de vida para niños, niñas y jóvenes que encontraron en los sonidos de la chacla, la guadúa y el caucho una armonía de libertad para sus vidas en un instrumentó llamando MARIMBA, que a lo largo de su historia ha inspirado muchos cantos de rebelión, reclamo y recordación del dolor de la población afro e indígena del pie de monte costero hacia el hombre blanco. La marimba plasma en sus sonidos la armonía que existía entre el hombre y la naturaleza, armonía que fue perturbada por la guerra.

 

 

Hoy en día este instrumento se ha convertido para los niños, jóvenes y sociedad del pacífico en un camino de educación para la paz, pues a partir de algunas piezas musicales que han cautivado el interés de aquellos vulnerables que no tuvieron más opción que enfrentar su destino hacia las actividades ilícitas ya empuñando un arma o sumándose al narcotráfico se logró entender que la música, más allá de ser su cultura, un pasatiempo o un buen elemento de motivación, podía convertirse en su camino para encontrar la paz.

 

Hombres y mujeres del pacífico, especialmente en el municipio de Tumaco han ayudado a construir este camino para los jóvenes; uno de ellos, Francisco Tenorio, desde su labor como maestro se trazó el objetivo de generar a través de la Fundación Escuela del Pacífico Sur Tumac, la experimentación con la música y danza despertando en los niños y niñas nuevas sensaciones y emociones que les permiten reconocer en la música ese lenguaje tan necesario de expresión y de denuncia para exteriorizar sus inquietudes personales y sociales. Así, la MARIMBA se ha convertido en un instrumento de lucha no violenta, en la voz de un pueblo.

 

Así la vivencia de muchos jóvenes se ha convertido en anhelos de sumarse a la solución de problemas y conflictos a través de la música transformadora de vida, de sueños y creadora de esperanza.

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