El papel de la mujer, de la madre, es fundamental para generar expresiones de paz. Su conocimiento, su experiencia, su sabiduría biológica le dan esa gran ventaja.

 

En los momentos tan necesarios de construcción de paz, de guiar, de enseñar, la misión de la mujer es esencial y trascendental ahora más que nunca.

 

La mujer, la madre, la hija, la compañera, lo tienen todo para aportar ingredientes claves en la familia, en la sociedad como son la enseñanza de la bondad, de la gratitud, del perdón, del amor, indispensables en este proceso de transformación.

 

¿Por qué son tan importantes estos aprendizajes desde casa, desde la familia para elevar el nivel de conciencia y mantener la paz interior?

 

Porque el mundo actual necesita hacer un viraje de 180º y lo está haciendo, para olvidarnos un poco de la mente y enfocarnos hacia la escucha del corazón desde donde surge el conocimiento del ser ¿Cuán importante es llegar a este equilibrio entre la mente y el corazón, entre la lógica y el sentir? He aquí una gran tarea donde la mujer, con su don especial puede y debe aportar en esa transformación.

 

Muchos de los sufrimientos de la sociedad desarrollada del Siglo XXI yacen en el descontrol de las emociones, en el poder que se le ha dado a la mente. Todo ocurre desde ese ser interior que hasta ahora se ha dejado manejar por la lógica y donde vemos la imperiosa necesidad de buscar un equilibrio que nos lleve a sentir la felicidad.

 

Serán necesarias herramientas concretas que ayuden desde la familia a sentir experiencias transformadoras. La mujer es el eje fundamental para la unidad, para la transmisión de esos valores a las generaciones del ahora.

 

Qué mejor que la mujer guerrera, la mujer conciliadora, la mujer bondadosa, la mujer apasionada por ese viaje a la felicidad de nuestros hijos, del ser humano en general.

 

 

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